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Porque vienen con sus lenguas serpentosas detras de sus sonrisas colmilludas, démosles las espaldas a los aguafiestas, esos que matan pájaros con sus risas- o eso que les dicen rosa ellos- que secan los vientres, matan los deseos, llegan mirando desde encima del hombro, paren piedras las mujeres malacarosas, ponen cara de mendigo con alma estreñida los aguafiestas y las aguafiestas, sí,¿ no los has visto?, se sientan desde lo alto a babear sus oh qué grandes genialidades a ventilar esa alcantarilla que conecta esa carne descompuesta, su manojo de aurículas, con ese botadero que tienen por garganta, allá vienen los aguafiestas, que vienen cono sus envidias vestidas de arrogancia, a escupir lombriz y culebra, carroña y serpiente, tubería de baño y acueducto podrido, cada vez que vienen a hablar. A las mujeres aguafiestas los músicos no les dedican canciones, los poetas rompen sus lápices si les piden dedicatorias, el pintor se cuelga del lienzo antes que retratar a los caballeros, que no son caballeros, los aguafiestas, esos alientos de hiena, las aguafiestas, cactos sin flor alguna, (porque ellas no son rosas con demasiada espina, cosa tolerable) esos corazones de carroña que van a por el caído, almas de buitres, dientes de podredumbre que vienen a ponerle el hedor de su sombra al sereno festín, al alegre festín, al amigozo festín, pero nos damos la vuelta y la espalda, porque si ellos se jactan de trampear mas, de engañar al juez de línea y encima quieren que el estadio venga a aplaudirlos acá, el público los rechifla mostrando las espaldas, poniendo la oreja sorda con sus graznidos de corneja, cuando esos monos grotescos quieren venir de dar cátedra de supuesta humildad.
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